DE PIN-UP A MEDIA MODELS

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Este año se cumplió un siglo del nacimiento de Marilyn Monroe, un sex-symbol que comenzó su carrera como modelo de lencería por catálogo. En aquella época, esa connotación de pin-up, chicas para colgar de la pared, era usada para exaltar la esencia masculina y la feminidad que vendía muchos labiales, lencería y, en general, realzaba la coquetería de la sociedad. Eran los felices años 20 y eran maravillosos. Esa época se hizo nicho en Internet y las modelos pasaron de estar colgadas en la pared de cemento a seguir colgadas en una de dígitos binarios.
Labios rojos, cabellos sedosos y una actitud complaciente ante la cámara o la tinta, hicieron que la era de la ilustración brillara en su máximo esplendor. Tatuajes marineros al old schcool, anuncios impresos donde la principal protagonista era la feminidad, estaban encarados con los movimientos feministas que odiaban la manipulación de la mujer como objeto de entretenimiento que en Hollywood se volvió una moneda de cambio aceptado por ese núcleo social.
La moda femenina se volvió más conservadora y la feminidad se quedó encasillada, las olas feministas lograron su objetivo: condenar a la mujer al traje ancho, maquillaje y accesorios que ahuyentaban la estética, hasta que irrumpió el movimiento de las supermodelos que abrieron un nuevo paradigma entre la música, el cine y las pasarelas.
Piernas kilométricas, cabellos leoninos y rasgos exuberantes envueltos en la estampa del show business hollywoodiense y la haute couture italo-francesa. El cruce entre George Michael, Gianni Versace, Claudia Schiffer, Naomí Cambel, Cindy Crawford, Richard Gere y hasta la princesa Diana Spencer, dieron a las topmodel el caché de supermodelos.
Con el fallecimiento de Versace y George Michael y el cambio de milenio, el relevo generacional lo hizo la cultura pop más aniñada y casi infantil de los Disney Kids, una cantera de la que emergerían la generación siguiente: las mediamodels, pero, antes, irrumpiría en escena Victoria’s Secret, una versión más comercial de Playboy y que nació como un catálogo de lencería de bajo coste, pero que luego fue aumentando el caché a medida que se focalizó en el show business entertainment.
Las supermodelos abrieron las alas para terminar sus carreras en plena pasarela, compartiendo plumas con la próxima generación de “angels” de Victoria’s Secret y el brillo deslumbró a cantantes y actores que terminaron casados como Adam Levine de Maroon Five con Behati Prinsloo; Orlando Bloom con Miranda Kerr; Jason Statham con Rosie Huntington, entre otros…
Entre tanto, saltó una generación de “nepotism baby” o “nepo babies”, las hijas de famosos que deseaban ser modelos, aunque solo supieran posar en un selfie en Instagram, como las hermanas Bella y Gigi Hadid o Kendall Jenner.
Si bien es cierto que ni los perfumes, accesorios o la propia lencería de Victoria’s Secret tuvieran calidad o que las protagonistas de esta generación de media-models no tuviera un “catwalk” de infarto, lo cierto del caso es que lo que quiere comunicar la marca y, en general, el show business del front row es poder y eso lo logra. En esa pasarela se conoce quién manda y de dónde sale la financiación para reabrir la firma después de ocho años casi de quiebre por sus vinculaciones con el caso Epstein.
Por otra parte, y para seguir la agenda de esta cuarta ola feminista, el afán de inclusión de todo tipo de mujer, que hizo desfilar a la “plus size” Ashley Graham o la inclusión de Sara Sampaio, primera modelo trans en desplegar sus alas, llegó al controversial desfile de 2026 donde ya cualquiera puede modelar.
Y es que en realidad no cualquiera ha modelado, en realidad, son la segunda generación de los “nepo babies” Natalia Bryant, hija del fallecido jugador de baloncesto, Kobe Bryant, pero la más notable fue Kylie Jenner, la hermana menor de las Kardashian, de 29 años y dos hijos, en noviazgo polémico con el actor Timothée Chalamet .
Aunque Kendall está excelente forma física, no tiene el cuerpo de las estilizadas “angels” y mucho menos el “catwalk» para portar el Fantasy Bra de $50 millones, el más caro de la historia de la marca: 4.410 diamantes naturales y un diamante amarillo Fancy Vivid Yellow en el centro de 75,54 quilates y es aquí donde se devela quién sostiene el revoloteo de las alas de los ángeles de Victoria’s Secret.
Fantasy Bra de $50 millones, el más caro de la historia de la marca: 4.410 diamantes naturales y un diamante amarillo Fancy Vivid Yellow en el centro de 75,54 quilates
